Solo no tenías que volver a repetir su nombre. Era aquella sensación imaginaria con la cual sustituía los tiempos de ocio, esos momentos donde las emociones deliran y solo buscas ese nombre.
Sin embargo siempre hay mas, la mente te da más. A veces parece sentirse tan colapsada de sí misma. No quiere encontrase, pero se esconde en el cajón oscuro de la sociabilidad antisocial. Todo se derrite como un reloj detenido.
Un palpitar pide más, es que sigue buscando la sintonía del tiempo. Quedan restos de esa manía de sentir otra espalda, cuando ya no tienes que caminar sino flotar en el equilibrio. Despierta y recuerda otra vez que los dioses nos dividieron, para aprender a caminar incompletos, porque no ha llegado el momento, o quien sabe porque desperdiciamos el momento. A la final igual era uno porque no pueden ser dos y ahora somos uno.






